La democracia
31 de diciembre de 2005
Luis K'Fong Fierro
Nuestra organización, la Liga de Unidad Socialista, escribe en su bandera con mucho orgullo que luchamos por un “socialismo democrático”. El socialismo ya lo hemos discutido algunas veces aquí en la escuelilla y vamos a seguirlo platicando. Tal vez la discusión y reflexión que está pendiente es sobre la naturaleza y alcances de la democracia que proponemos y en qué se distingue de las demás ofertas. Sobre todo porque hoy en día todo mundo se llena la boca con esa palabra, sin tomarse mucho tiempo para explicarnos qué es lo que exactamente nos quiere vender con ella, creyendo –o fingiendo– que todos entendemos lo mismo. El resultado: un diálogo de sordos en el que aparentemente todo mundo está de acuerdo, pero que en realidad difiere profundamente.
Es evidente que la cuestión es política, pues se trata de una forma de convivir y, por si fuera poco, tiene que ver con el origen, el ejercicio y el padecimiento del poder. Tan evidente es esto, que pareciera ocioso mencionarlo. Sin embargo, a últimas fechas también, a muchos politólogos, expertos o simples comentaristas les ha dado por transferir el asunto al campo de la moral, es decir que pretenden hacerlo un problema de conciencia y remordimiento en el ámbito privado de cada quien.
La democracia es un problema de consensos; no puede sobrevivir si la mayoría no la quiere, la persigue y la cuida. La historia, como sabemos, está llena de ejemplos en las que los pueblos se descuidaron y les cayó el chahuixtle en forma de césar, caudillo, duce, generalote, secretario general, padrecito de todos los pueblos, gran timonel o cualquier otra cochinada de ésas que de vez en vez les da por salvar a la patria. Lo que nos da otra razón para que reflexionemos sobre el significado de palabra tan grandota, pues ¿cómo se puede defender o desear algo que no se entiende bien a bien?
Comencemos con la crítica de esa definición que le da tanta risa a Mafalda: el poder del pueblo. De entrada, esto debiera sonarnos a contradicción o mínimamente a paradoja. Porque si el poder lo ejerce el pueblo –y el pueblo nos incluye a todos–, ¿sobre quién va a ejercerlo? La propaganda corriente y superficial resuelve, como corresponde, superficial y corrientemente: en realidad –nos dicen– no se trata de la dictadura del pueblo, sino sólo de una parte, la mayoritaria. Pero entonces, ya no fue el pueblo, como nos dijeron y la definición –a pesar de sus siglos y aún milenios de existencia– ya no nos sirvió.
Reformulemos: ¿es el poder de la mayoría sobre la minoría? Si así lo fuera, la cosa no estaría bien del todo. ¿La mayoría tiene siempre razón sobre la minoría? La historia dice que no, que no siempre. De la nuestra podemos sacar muchos ejemplos, pero el paradigmático es, sin duda alguna, el del Partido Liberal Mexicano y su principal impulsor, don Ricardo Flores Magón que si ahora suena como a nombre de calle, escuela o fundación, en su tiempo, en el que vivió y propuso, era minoritario entre los minoritarios; el loco al que ni siquiera los más radicales quisieron escuchar y, sin embargo, la constitución actual, con todos sus problemas, en su mejor parte parece dictada por él, es más, parece una trascripción puntual del programa de 1906.
Además, todas las mayorías que han operado en su turno, una vez fueron minorías, lo que nos puede hacer pensar que las minorías actuales pueden ser las mayorías del mañana; no todas, es cierto, pero algunas sí. Y si no nos escuchan ahora, puede ser que repitan el gran desperdicio de energía y tiempo que se ha hecho en el pasado, es decir, cuando a estas mayorías no quisieron pelarlas…
Ajustemos, pues: es el poder de la mayoría con la inclusión de las minorías…en donde la inclusión quiere decir desde la obligación de la mayoría de escuchar a la minoría, hasta la invitación a ejercer el poder en colaboración, cuando menos en aquellos renglones donde más insistan las oposiciones –claro que esto si las minorías lo quieren, porque si no, habrá que respetarles su derecho a abstenerse de colaborar.
Pero esperen… creo que nos precipitamos…: lo que se ve en todas las sociedades que se reclaman democráticas es que el gobierno, el poder, lo ejerce un grupo minoritario, cierto que con la anuencia y a veces con el mandato de una mayoría –casi siempre relativa–, pero minoritario al fin: un partido, un gabinete, un parlamento, en fin, un grupo a veces muy pequeño con facultades más o menos extensas; unas veces exageradamente amplias, otras restringidas y condicionadas. Y concluir de ahí que la democracia es el gobierno de la minoría, sería una barbaridad más grande que creer que son las mayorías quienes gobiernan.
Ni hablar, otro ajuste: es el gobierno de una minoría que actúa y decide en nombre de la mayoría.
¿Y el pueblo, dónde quedó? En el otro lado de la relación, en el que se sufre el poder. Ahora sabemos sobre quién se ejerce, y la paradoja se ha disipado completamente. Según lo visto hasta aquí, aún las democracias existentes más perfectas no se distinguen mucho de otros sistemas en los que una parte de la sociedad –la más pequeña– actúa sobre la otra –la grande–, y lo único que las separa es a título de qué se ejerce el poder.
Todo pareciera indicar entonces que la frase poder del pueblo significa muy poco, algo así como el poder de aquellos que gobiernan en nombre del pueblo, al pueblo mismo.
Pero, ¿no se creían los reyes la encarnación misma de las naciones?; los dictadores ¿no han oprimido a los pueblos por su bien, es decir interpretando lo que necesitan los pueblos, independientemente de que lo quieran o no?; ¿dónde está exactamente la diferencia?
Parece ser que la única diferencia está –como dijimos– en el origen de ese poder. Los reyes gobernaron en nombre de dios –a pesar de que nunca pudieron acreditar suficientemente este mandato–; los dictadores sin título alguno, sólo con el argumento del león que se asoció a la cabra y a la vaca: porque si no me dejan gobernar, simplemente me los como. Y en cambio los demócratas pasaron por una formalidad, la de las urnas. Un domingo de julio nos invitaron a cruzar un logo de entre seis o más y ya, en ese momento les dimos un cheque en blanco para que, tal como los reyes, tal como los dictadores, hicieran lo que quisieran con el poder durante los próximos tres o seis años.
Visto esto, podría muy bien entrarnos una suspicacia: Y, por tan poca diferencia, ¿valdría la pena pelear tanto, gastar tanto, discutir tanto, publicar y leer tanto? Bueno… no respondamos ahora. Antes definamos otra palabra que hemos venido empleando durante todo este rato y también, como la democracia, necesita definición, porque luego cada quien entiende lo que puede y si no estamos en sintonía, podemos crear más confusión que comunicación. Nos referimos al poder.
No podemos detenernos mucho en esto, por lo que nos vamos a conformar con decir que hay definiciones psicológicas, éticas, políticas y de otras, pero que para operar, vamos a aceptar una simple, sin que con ello demos por terminado el tema, únicamente lo pospondremos para otra sesión: poder, para los efectos de esta escuelilla hasta donde va, es la capacidad de decidir y hacer que lo decidido se actualice, sea por sí o por otros a quienes se puede forzar, si es necesario.
Nótese que no nos estamos metiendo con el origen de esa facultad, ni con la calificación moral que pueda tener, es decir si es bueno o es malo que alguien pueda hacer tan tremendas cosas como decidir por otros y forzarlos si no quieren. Tampoco discutimos aquí si los que reciben la acción del poder consienten o no que los manden. Simple y muy sencillamente estamos definiendo a qué realidad nos referimos cuando usamos el vocablo poder.
Completando el razonamiento, podemos decir ahora que la democracia –tal como la conocemos en la realidad empírica– es el sistema donde una minoría decide por todos, mandatada por una mayoría en un acto político simple, la elección, en el que además le da facultades para imponer esas decisiones en caso de resistencia y admite que tales decisiones y represiones puedan caer en la mayoría misma.
Pues no, dirá usted, todavía me parece una situación muy pinche como para meterle militancia para conseguirla.
Ah, bueno, lo que sucede es que todavía estamos hablando de la democracia realmente existente, como se decía antes. Aunque ya estamos en condiciones de proponer una que sustituya a la que nos han recetado los campeones del libre mercado y la limpieza en las urnas:
A ver qué les parece. La democracia a la que aspiramos es un sistema en el que las decisiones las toman el mayor número posible de quienes luego tendrán que asumir las consecuencias de esa decisión; que prefiere las acciones y opiniones directas a las delegadas y la participación amplia y profunda en la política a la simple y superficial y, finalmente, reconoce y protege un ámbito privado inviolable en el que el individuo o el subgrupo toma decisiones sobre las cuestiones que a él y sólo a él luego le afectarán.
En mi opinión, y a reserva de seguirlo discutiendo, por está sí vale la pena meterle militancia; hacerla que acompañe a nuestra otra meta, el socialismo y pelearles a los demás para que prevalezca sobre la otra, la que existe, pero en el fondo sólo es de mentirillas, de opereta, como luego dicen los adornados
S
Talleres de conocimiento los miércoles
La gota, aparte de ser una revista y una página en la web, es un proyecto político. La integramos luchadoraes sociales que hemos decidido organizarnos para ayudar a transformar nuestro entorno, ser sujetos y no objetos de la historia.
¿Cómo hacerlo?, con qué, cuándo.
Eso lo discutimos cada semana.
Y para tener elementos que nos orienten, que nos den cuenta de los intentos que ya se han hecho, que nos permitan decidir dónde hay que ajustar el plan de transformación, qué caminos ya no transitar por saber que están obturados; para pensar en todo eso, tenemos talleres de conocimiento todos los miércoles.
Ahí vemos
Política, Ética, Historia, Literatura de combate y recreación, Estrategia, Pedagogía y todo lo demás que quieran aportar las buenas gentes que nos acompañan.
Para ser invitado, dirígete a tu goter@ favorit@, es decir, a quien te suscribió en nuestra listamail, a quien te recomienda esta página o a quien te hace llegar nuestra revista, los libros o propaganda. Te esperamosS
Seminario de Análisis Político
La ejemplar resistencia indígena
Como una actividad del frente de organizaciones sociales de Chihuahua, se está intentando realizar una serie de ejercicios de reflexión sobre la realidad del estado, así como de las posibles acciones que puedan transformarla a favor de l@s de abajo.
Para ello se ha nombrado una comisión que ha elaborado un calendario que ha comenzado a realizarse:
El primer ejercicio lo condujo nuestro camarada Luis K’Fong Fierro y fue un taller sobre los problemas de la democracia. Estuvimos diez personas que pudimos intercambiar nuestros saberes, inquietudes, dudas y propuestas respecto a la toma de decisiones, la representatividad, el consenso, el diálogo inteligente, el manejo de los conflictos y el ejercicio/resistencia del poder.
Para nosotr@s, no obstante la escasa asistencia, fue un éxito. Que una decena de compañer@s decida pensar, pero no sólo hacerlo por hobby, sino a pensar en sus problemas políticos e intentar resolverlos es un gran avance, tal vez el principio de que el movimiento cambie cualitativamente, que comience a enrumbar a una acción conciente, con iniciativa, con idea y con plan, no solamente contestatario, como aparentemente ha sido hasta ahora.
Un mes después, vino de la sierra Tarahumara Ricardo Robles, el Ronco, un jesuita sui géneris que condujo una plática sobre la ejemplar resistencia de los indígenas. Como es natural se enfocó en la lucha de l@s raramuri con quienes convive hace más de cuarenta años.
Al ejercicio asistimos ahora veinticuatro compañer@s que participamos con entusiasmo ante las propuestas de discusión que nos hizo el ponente: ¿cómo actúan l@s indígenas ante el poder?, ¿cuántas concepciones hay entre ellos acerca de este concepto tan satanizado hoy, el poder?, ¿es posible traducir culturalmente las ideas, certezas, dudas y propuestas de nuestros hermanos originarios del continente?; ¿qué esperanzas hay de derrotar a los neoliberales que ahora vienen por todo a los últimos reductos de l@s indi@s?
Justo es decir que la plática que tan informadamente condujo el Ronco, fue complementada por gente versada en el tema, quienes tienen trabajo al lado de los tarahumares y que cotidianamente resisten con ell@s.
El próximo miércoles dos de noviembre, como un tercer ejercicio, vendrá Andrés Barreda, un economista investigador que nos va a compartir sus conclusiones sobre la geopolítica mundial del agua. La cita es en el Barzón, a las 9:00 y esperamos que ahora podamos asistir much@s más que en los dos primeros momentosS
Seminario de Análisis Político
Informe
Chihuahua, Chih. a 25 de septiembre de 2005
Hoy domingo, nos reunimos 10 personas en el local del Barzón. Participamos en el taller Educación para la Democracia compañer@s de Contec, El Barzón y La gota. Podemos decir que el ejercicio fue todo un éxito. Tanto que quienes asistimos nos comprometimos a repetirlo, pero ahora con más invitados.
Ahora aunque seguimos sintiendo la necesidad de reflexionar cada vez más profundamente sobre el llamado mejor sistema posible de convivir, hemos aclarado muchas de nuestras dudas, afinado nuestros conceptos, pero lo que es más importante de todo, ahora contamos con un lenguaje más similar entre nosotr@s que nos permite realmente dialogar y, consecuentemente, convenir o no. En otras palabras, que nuestr@s acuerdos pueden ser desde ahora más firmes, no como los que hacen quienes dialogan como sordos, sólo oyéndose a sí mismos.
Un agradecimiento pues a los asistentes, propagandistas y facilitadores de este taller. Y una nueva invitación, pronto llamaremos a la segunda parte, estén preparadosS