Yo sí te creo

Historias de persecución, rechazo, racismo, intolerancia, aunque también de esperanza, solidaridad y respeto. Ojalá que sólo éstas últimas fueran ciertas y las otras producto del desvelo o aburrimiento de Luis K'Fong. Pero no, el autor ha correteado sus experiencias y las de sus semejantes; ha acorralado cuidadosamente cada una de ellas para mostrarnos ese lado de la luna que no vemos. Así podemos tener la certeza que aun cuando encontremos similitudes entre los protagonistas y nosotros, puede sorprendernos y lo obvio volverlo tan extraño que nos obliga a reflexionar: ¿qué significa educar para la vida? ¿qué quiere decir diálogo o puta? ¿dónde radica el destino y la felicidad? ¿qué se siente ser una joven rarámuri? ¿para quién llego puntual? ¿hay discusiones fuertes y débiles? ¿las quejas de los niños son chismes? ¿existen varias sociedades civiles? ¿es mejor el ábaco chino que la calculadora? ¿el amor por Eva Braun salvó a Hitler del infierno? ¿es posible la democracia en el futbol? ¿hay críticas que no duelen? ¿en los dilemas decido en mi contra? ¿el chicle mata las neuronas; y la cachucha las sofoca? ¿todos los niños con necesidades educativas especiales caben en la escuela regular? ¿Por qué muchas mujeres protegen a los hostigadores sexuales?

Con su estilo provocador, tal como el azogue separa el oro de la ganga, el autor de Sobreviví, El Alacrane y Me anda valiendo, nos orilla a dejar de lado los lugares comunes y comenzar a formular nuestras propias categorías; aunque aparentemente Yo sí te creo no tenga que ver con la epistemología nos compromete a elaborar generalizaciones sin consultar el diccionario, o sea a conceptualizar sin que nos duela.
R.M.C.